Todo apunta a un cambio de ciclo. Ni mejor ni peor: una vez más le irá bien a quien sepa adaptarse. Pero no nos engañemos; la memoria puede llegar a jugarnos malas pasadas, pero no tanto como para que volvamos a oír lo de “los pisos nunca bajan”. La sociedad ha cambiado; no volverá a ser lo mismo nunca más, y nuestra profesión tampoco.

 

La nueva generación, a la que posiblemente acabemos llamando “la generación de la crisis”, no quiere ni oír de comprar vivienda y sus padres, “la generación de la democracia”, no tiene muchos argumentos convincentes. Un mercado en el que no haya nuevas entradas de “compradores por primera vez” para compensar las bajas, y que se base solo en la reposición, no ofrece el dinamismo necesario para una profesión centrada en la compraventa. El alquiler en manos de grandes operadores puede eliminar fácilmente al asesor inmobiliario.

 

El Internet de hoy tampoco es el de hace diez años. El consumidor hoy lleva en su bolsillo un potente ordenador lleno de datos. La amenaza para el inmobiliario que siga basando su negocio en la información es evidente.

 

El inmobiliario tiene que seguir creando esas herramientas a las que el particular no tiene acceso, como la MLS, y tiene que continuar la senda de la especialización. Solo así podrá prestar un servicio relevante. El hombre orquesta va camino de la extinción: los profesionales necesitan trabajar dentro de una estructura de equipo que les permita dar un servicio eficiente a un cliente cada vez más exigente y mejor preparado.

 

Nosotros seguiremos profundizando en estos nuevos retos, y facilitando las claves para triunfar en el nuevo ciclo.
 
Para más información, la Revista Inmobiliarios de UCI pone a tu disposición el número 37, de Abril a Junio de 2015, en formato PDF.
 
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